Construcciones de Bambú en Tepetzintan | Mariana Ordoñez y habitantes de Tepetzintan

ACH: ¿Cuál fue el enfoque principal de la investigación realizada por el equipo, previo a los talleres de capacitación y diseño participativo, siendo éste un equipo conformado por arquitectos, economistas e ingenieros?

MO: El principal objetivo del proceso de investigación, fue entender la manera de habitar en la comunidad de Tepetzintan y sus implicaciones culturales, sociales, técnicas y económicas. Para nosotros fue muy claro desde el inicio: no podíamos proponer un prototipo de vivienda sin entender cómo habita la gente.

Numerosos esfuerzos han colapsado por no existir un intercambio de saberes entre profesionistas y comunidad, tal como las Ciudades Rurales Sustentables, las cuales se encuentran en abandono debido a factores culturales, formales y económicos. Como equipo recién conformado y con recursos limitados, no podíamos darnos el lujo de correr riesgos, el proyecto tenía que ser incluyente.

ACH: ¿En qué se distinguen los espacios y edificios diseñados o intervenidos y pensados por arquitectos, o en este caso también por otras disciplinas como la ingeniería de aquellos que se realizan sin su participación?

MO: La diferencia más representativa en el caso de Tepetzintan, fue la fusión entre la arquitectura y la ingeniería, lo cual derivó en la mejora del sistema constructivo, la técnica empleada con los materiales locales y la optimización de recursos. Ahí es en donde surge el diálogo y la transferencia bidireccional de conocimientos. La comunidad nos proporcionó su sabiduría acerca del clima, los espacios necesarios para que los Nahuas de la región encontraran funcional la vivienda y los aspectos culturales que había que tener en cuenta. Nosotros por nuestra parte, proporcionamos técnicas constructivas para ahorro de materiales, formas de emplear los subsidios y combinarlos con recursos locales para aumentar los m2 y sobre todo, los m3 de la vivienda.

Es decir, cuando los equipos multidisciplinarios y las comunidades se auto‐ organizan, se pueden mejorar las propiedades cuantitativas y cualitativas de la arquitectura. Ahí se encuentra el valor agregado del binomio (profesionistas +comunidades).

ACH: ¿Qué herramientas y estrategias se implementaron para activar y facilitar el involucramiento de la comunidad en los procesos de la producción del espacio?

MO: La primera estrategia fue identificar a los actores relevantes de la comunidad, entre ellos, Eleazar como presidente moral de Tepetzintan e Iván Martínez, parte primordial del equipo para organizar los talleres en la comunidad y capacitar a los jóvenes del bachillerato rural.

Asistir a una junta comunitaria fue la segunda estrategia. Mediante Eleazar, se nos permitió presentar el proyecto ante la cooperativa de Tepetzintan, quienes aprobaron que se realizara el prototipo de vivienda y aportaron el terreno para la construcción del proyecto.

En el primer encuentro con la comunidad, se realizó una encuesta para saber qué tipo de talleres querían, cuáles eran sus expectativas y qué objetos querían generar. Se acordó que en cada taller se hicieran productos utilitarios faltantes en la comunidad, como caseta para esperar la combi, mobiliario para sus viviendas y artesanías para utensilios en el hogar. Además, en cada taller práctico se abrió un espacio de diálogo y de diseño participativo, de manera que se iba desarrollando una técnica adecuada con bambú y, en paralelo, el proyecto de vivienda. Se generó una agenda de trabajo con dichos talleres y arrancó la capacitación.

Un tema difícil fue mantener la asistencia de las mujeres, quienes al tener labores domésticas se veían en necesidad de faltar frecuentemente. En el caso de las jóvenes, el panorama fue distinto y pudimos contar con todas las chicas del bachillerato. En futuros proyectos, estamos seguros que contaremos con más herramientas para enfrentar estos aspectos sociales.

ACH: ¿Qué posibilidades ofrece la existencia de un espacio común para la organización social y la obtención de beneficios comunes en Tepetzintan?

MO: Los centros comunitarios son los espacios que dan cobijo a la generación de propuestas, toma de decisiones, la autoorganización, ritos culturales, transferencia de conocimientos y celebraciones. En estos sitios se propicia el diálogo y la discusión, herramientas necesarias para el funcionamiento de las comunidades.

Actualmente, la cooperativa de Tepetzintan emplea el espacio para los talleres que realizamos con los jóvenes del bachillerato, quienes, después de participar en la construcción del prototipo de vivienda, solicitaron nuestro apoyo para diseñar y autoconstruir su escuela.

ACH: ¿Qué pueden aportar los arquitectos y la arquitectura en el diseño e implementación de políticas públicas?

MO: Consideramos que los proyectos realizados desde el activismo arquitectónico, se vuelven espacios permanentes de denuncia en donde se hace evidente la ineficacia de las políticas públicas y la acción gubernamental.

Además, son ejercicios demostrativos que plantean soluciones creativas alternas para el grave problema que enfrenta México respecto a la vivienda.

ACH: ¿Qué aprendizajes guardan la arquitectura y organización social rural o tradicional para las ciudades y para el presente?

MO: De la arquitectura tradicional, rescatamos el entendimiento profundo del sitio en donde se edifica. La mayoría de las construcciones vernáculas reflejan un manejo adecuado de los materiales locales, sistemas constructivos apropiados al clima y espacios funcionales que responden a la forma de habitar de los usuarios.

Respecto al tema de la organización, en el caso particular de la Sierra Norte de Puebla, es destacable la autonomía de las comunidades para crear cooperativas en donde plantean soluciones y alternativas a los problemas que enfrentan. Es decir, no tienen la visión patriarcal del gobierno como entidad que tiene la obligación de solucionar sus problemas.

El grado de activismo que existe en esta región indígena, sería de gran ayuda en las ciudades, lugares en donde la pasividad, la indiferencia social y la falta de organización colectiva, dificultan la generación de propuestas.

 

Proyecto en colaboración con Abraham Aragón y Lev Salinas.

Mariana Ordóñez Grajales (Chetumal, Quintana Roo, 1986)

Es egresada de la Facultad de Arquitectura por la Universidad Autónoma de Yucatán. Cursó la maestría de Arquitectura, diseño y construcción sustentable en la Universidad del Medio Ambiente y actualmente cursa la maestría de vivienda en Centro. Desde hace más de tres años se dedica a la producción social de arquitectura en la Sierra Norte de Puebla, sitio en donde colabora con las cooperativas indígenas para mejorar las condiciones de habitabilidad en la región.

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