El pastel gourmet

Por Arturo Ortiz-Struck

La riqueza en México es parte de una tradición formada por la división de clases sociales, si bien hemos tenido épocas más equitativas que otras, en la actualidad los ricos se despliegan por la ciudad en una profunda abstracción fetichista que les impide ver lo ridículo de su comportamiento.

Pasear por las zonas ricas de la ciudad es una extraordinaria experiencia antropológica en donde a todas luces las fantasmagorías de consumo habitan y dominan la imaginación de aquellos que son sólo a partir de una representación materialista.

El significado de su presunción alcanza símbolos geniales que son traducidos en imágenes urbanas que asumen las formas más bizarras y, de alguna forma, medievales. Comparto con ustedes algunos fantásticos ejemplos:

 

  1. Un BMW deportivo y eléctrico, manejado por el hermano incómodo y seguido por sus amables guardaespaldas en dos suburbans blindadas de ocho cilindros, es una imagen de contradicción ecológica y un clásico del cinismo nacional.
  2. Un Lamborghini que trata de cruzar los baches en la calle de Julio Verne en Polanco, el conductor con cara de trauma, intenta no romper el carter de su vólido, que afortunadamente, ve limitado su potencial por un tráfico inimaginable. Sobra decir que tener uno de estos coches en una ciudad llena de hoyos y baches devela un fetichismo totalmente abstraído de la realidad, es como usar un abrigo de mink en una boda durante el verano en Mérida.
  3. La avenida Mazaryk en sí misma, parece haber sido concebida en su totalidad en una tienda Louis Vuitton: granito español y diseño de altura, está enmarcada por bellísimos cables de luz y cablevisión, así como por la radical ausencia de sombras. Quedó bonita la avenida –dice una vecina– casi como Rodeo Drive pero con guaruras.
  4. Comer en una banqueta de “polanquito”, o en Altavista o en el centro comercial de Arcos Bosques es una experiencia sublime, mirreyes por aquí, barbies por allá, las conversaciones que uno alcanza a escuchar son poéticas:
    1. Un señor a sus hijos adolescentes: “Princesa, dile a Champion que pida la cuenta” (sic)
    2. Un mirrey a su barbie: “ Es que estoy bien loco wey, me lo dice mi Mamá cada vez que me ve salir, we” (sic)
    3. Una anoréxica a un mesero: “quiero el pollo con mole pero en lugar de arroz, póngale verduras cocidas, el pollo… no me lo vaya a traer con piel, que sea pechuga, sólo pechuga. Ah y por favoor, tráigalo mejor sin mole” –Señorita– dice el mesero– no prefiere un pollo a la plancha. Ella contesta: No tráigame el de mole pero así como se lo pedí… Ah y un vaso con agua sin hielo”. (sic)
    4. Un amigo a otro: “No brother, estaba bien buena la vieja we, no mames caun, de verdá, te lo juro… y lo mejor we, tenía novio, así que no la tengo que volver a ver we” (sic)
    5. Una amiga a otra: “Este wey me llamó dos veces, en serio, dos veces… ¿por qué me llama? quiere decir que le gusto ¿no? y después de la segunda ya no me volvió a llamar, neta no entiendo wey.
    6. Un dueño a su mascota: “ahí no, candy!!!, espérate al parque!”
    7. Una dama a su caballero: “Vi una mesa muy bonita, como la que vimos en valle en la casa de Charlie, ¿ya sabes?. Estaba bien linda, así como vieja pero, ¿cómo decirlo? Limpia, ¡ya sabes! Y entonces pregunte el precio y no lo puedes creer, carísimo, la señora que la vendía, así como pretenciosa ¿ya sabes?, me quería cobrar casi mil pesos y la verdad era un vejestorio, en fin no lo compre pero lo debí de haber comprado, en el fondo estaba bien barato, pero lo que me choca es que me quieran ver la cara de turista, ya cuando me dicen güerita pierdo y ya no puedo, que se creen. (sic)
    8. Una señora a la nana de sus hijos: “Mira Geli, te llevas a la niña con el chofer, la bañas pero que ella escoja su pijama, y rapidito que ya es tarde”(SIC)
    9. Un señor a su chofer: “Carajo Martín, no stas viendo que ya salí, me tienes-sperando aquí en la puerta del restaurán, pus queseso”. (sic)

 

Mientras los modismos de clase y las buenas costumbres del vestir y del actuar sin compromiso político se despliegan por las áreas de concentración de ricos, de pronto algunos de ellos se unen al mundo alternativo y vanguardista de las clases medias, en la colonia Roma, donde ser rico es sólo una casualidad, el fetichismo se convierte en otras expresiones de la misma banalidad.

El mundo hipster atraviesa todo escenario, completamente uniformados, los hombres usan camisas con dibujos de cuadritos, jeans y tenis o botas, las barbas crecen hasta transfigurar su metrosexualidad en lumbersexualidad, seguros de sí mismos y sus propias inseguridades caminan como si supieran en cada momento que hacer, su barba y sus lentes de pasta, cual máscara, intentan desesperadamente recuperar la identidad propia.

Algunas chicas se representan de manera estridente, se cortan el fleco  se pintan el pelo de amarillo oxigenado o rosa, se tatúan un grafismo minimalista en los antebrazos, usan lentes de pasta y su compromiso con el mundo alternativo lo adquirieron en un reventón de sexo y drogas en Berlín o Amsterdam, normalmente su indiferencia es una solución a la falta de posturas políticas y una buena salida… Ante cualquier eventualidad sólo responden: “Whatever”

Reniegan de sus orígenes burgueses siempre y cuando puedan comer rico, usar las marcas de ropa alternativa que les gusta, así como tener un Jeep, que es un coche que está listo para las más extremas aventuras en el campo, aunque el campo para ellos es Valle de Bravo.
No cabe duda que la separación de clase está dirigida por  un drive fetichista que parece llenar todos los huecos subjetivos y que el gran reto está en tapar esos vacíos por medio de la autorepresentación. Tal vez por ello la ciudad se despliega entre los castillos medievales de cada colonia, miles de casas con áticos estilo francés, que por cierto son buenísimos para la nieve, algunas casas estilo suizo, otras alemanas, unas más coloniales y otras de un refinamiento minimalista propias del arquitecto estrella en turno, es una ciudad máscara, si fuera pastel tendría sólo el betún.

 

 

 

 

 

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