En defensa de la experiencia del usuario

Damián Ortega, Brasilia (Jardines de acceso a los edificios de Oscar Niemeyer) (2003)

Damián Ortega, Brasilia (Jardines de acceso a los edificios de Oscar Niemeyer) (2003)

Ya lo dijo Álvaro Siza “Si se ignora al hombre, la arquitectura es innecesaria.” Pero ¿realmente los arquitectos responsables del diseño urbano-arquitectónico se preocupan por el usuario? La respuesta tiende a variar y es que desde hace varias décadas se le ha impuesto el sello de “subjetiva” a la arquitectura en general y esto ha abierto las puertas a la especulación de necesidades que muchas veces sólo responden a temas de tipo económico-político – y por supuesto no en pro de quien lo habitará –.

Las cabezas detrás de la toma de decisiones de tipo urbano-arquitectónico son, por excelencia, mediadores entre el habitante y el contexto ya que es precisamente a través de la arquitectura y el urbanismo como sus habitantes se comunican con el espacio. Esta afirmación ha abierto la interrogante acerca de la importancia de la experiencia del usuario y cómo medirla/entenderla.

Este cuestionamiento no es nuevo y ha sido abordado desde diversas perspectivas; un ejemplo de ello es el  artista Damián Ortega, quien ha analizado este tema desde su trinchera. En su pieza  Brasilia (Jardines de acceso a los edificios de Oscar Niemeyer en Brasilia) (2003) hace evidente, a través de una serie de fotografías, el paso rebelde de los peatones que diario se enfrentan con este diseño urbano que no responde a sus necesidades y que, por lo tanto, los obliga a trazar sus propios caminos. Sin embargo es evidente que Brasilia, y su desafortunado diseño urbano, no son el único ejemplo de esta mala planeación, la deshabitada Chandigarh proyectada por Le Corbusier, el caótico Beijing y por supuesto la hermosa, pero confusa, ciudad de México son otros claros ejemplos.

Hablar de la ciudad de México es hablar de un espacio incoherente que no sólo obliga a sus habitantes a generar sus propias soluciones urbanas sino que constantemente los reta con nuevos obstáculos y es que pareciera que los encargados de plantear proyectos en pro de la urbe, el gobierno de la CDMx, están estancados en respuestas absurdas –sí, la    que representa la propuesta del CCChapultepec o los segundos pisos para vías vehiculares– que no corresponden ni al tiempo ni al espacio y que desembocan en una terrible experiencia para todos los que deben transitar distancias largas.

El cómo vivimos la ciudad define cómo la hacemos nuestra y en consecuencia cómo le retribuimos desde nuestra individualidad. Es crucial resistirnos a estos actos de injusticia urbana y dotar a la ciudad de nuestras propias soluciones, de demanda como ciudadano y de propuesta como personaje activo, de rebeldía como usuario inconforme y de mano activa como agente de cambio. No basta con hacer los problemas evidentes, basta con enfrentarlos sin importar nuestra profesión.

En defensa de la experiencia del usuario convoco a aquellos responsables de dotar a la ciudad de espacios irresponsables a repensar sus soluciones, a redibujar sus propuestas, a replantearse la finalidad última del diseño urbano-arquitectónico y sobre todo a reconsiderar sus prioridades tomando en cuenta su enorme responsabilidad en la vida de quienes interactúan con sus trabajos.

 

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