Fundidora S. A., ciudad invisible

Texto| Colectivo Estética Unisex

Fundidora es una ciudad adentro de otra ciudad, mejor dicho, Fundidora es la idea sobre la cual se erige esta aglomeración que todos creemos conocer: Monterrey. No hay nada en Monterrey que no haya sido antes Fundidora; comentarios autorizados aseguran que el estado actual de violencia que se vive aquí, es el resultado de las condiciones salariales y de la relación obrero−patronal que vino después del cierre de la empresa en 1986. Este caso lo podemos equiparar con hechos semejantes ocurridos en toda la República.

Fundidora es un fantasma de los tiempos dorados de la producción, cuando la gente venía por trabajo y lo conseguía, o mejor, Fundidora es el esqueleto de un animal llamado modernidad, que en su momento coordinó con un sonoro silbato la coreografía de las acciones cotidianas de esta ciudad, y vio crecer en torno suyo los barrios obreros, las cantinas, las plazas y parques, las maternidades de la empresa, las escuelas con el nombre de uno de sus fundadores, Adolfo Prieto, prohombre, patriarca, santo patrono, como todos los empresarios que dieron origen a esta sociedad.

Fundidora es también un trofeo, lugar de visitas ilustres donde presidentes, ministros, diplomáticos, banqueros, agregados culturales, es decir, personajes de todos los pelambres se dieron cita para presenciar el milagro de una aldea perdida en el noreste mexicano que se convertía en metrópoli de progreso: el sueño latinoamericano hecho realidad.

Fundidora es, además, un spot publicitario de la lucha de intereses, y un escenario de los más diversos actores de esta sociedad. Con una historia de 115 años, este lugar ha sido empresa privada (1900-1977), empresa paraestatal (1977-1986), parque público mediante Fideicomiso otorgado por el Gobierno Federal al Estado de Nuevo León (1988) y parque público concesionado a través de la conversión en Organismo Público Descentralizado (1988 y 2006 a la fecha). Fundidora es una inicial quedaron tan borrosas las ideas de lo que se haría a futuro, que se hablaba a la par de la conservación y el mejoramiento del lugar, la creación de un parque con visión ecológica, la construcción de un parque museo empresa que parece parque, un duty free de las inversiones, un terreno apto para la negociación, pero con la etiqueta de espacio cultural, parque arqueológico industrial y zona de recreación pública.

Fundidora de Fierro y Acero Monterrey S. A., representada en su logotipo con la estampa de un poderoso elefante africano, se proponía ir a la par del ritmo marcado por los inventores del desarrollo tecnológico moderno, lo cual implicaba no pocos esfuerzos. Especialistas de varias nacionalidades habían formado a los locales en el oficio del acero, todo un tic en aquellos tiempos de optimismo; fue de este modo como las generaciones de obreros que se habían hecho a la orma del trabajo, habitaron en una ciudad provisional que poco a poco urbe, una ciudad invisible, sin otra historia más allá de la fábrica misma, apenas la que brotaba de los ideales empresariales: dedicación al trabajo, sencillez, honestidad, puntualidad, esfuerzo y riqueza.

Fundidora es un motivo de souvenir, tal como ocurre con el Castillo del Morro en La Habana, el palacio santiaguino de La Moneda, el barrio San Telmo en Buenos Aires o La Candelaria bogotana, es decir, un Corcovado carioca, pero más reciente, un Potosí redescubierto, lugar de trabajo antes que centro de culto, sitio de defensa, edificio gubernamental o primer cuadro urbano colonial, diríamos, en fin, que es una ruina de la industria, y que como todos los sitios turísticos debe ser confirmada por la visita del viajero mediante fotografía o video. En este punto sorprende la inexistencia de un plan de mercadeo que plantee su comercialización simbólica. Esta sociedad próspera y joven, caracterizada por el ingenio productivo de sus gentes,aún no es consciente de la importancia que tiene Fundidora para la definición de su propia identidad, y menos, de lo rentable que esto puede ser.

Fundidora, la primera siderúrgica de Latinoamérica, fue posible gracias a la inversión privada –principalmente extranjera–, los beneficios fiscales otorgados por la Federación bajo la égida de Bernardo Reyes, y la proximidad con los Estados Unidos de América. Esta empresa se encontraba en pleno crecimiento cuando sobrevino la Revolución Mexicana, pero supo cómo resistir este fenómeno social debido a las piruetas acomodaticias de los grandes empresarios locales, quienes a pesar de la fuerte recesión supieron cómo mantenerse en una posición consistente ante los grupos revolucionarios y los gobiernos de turno. Otra maniobra de sobrevivencia hizo que la empresa abasteciera de metal al país del norte durante las dos guerras mundiales para la fabricación de armas y municiones −principalmente durante la Segunda Guerra−, función que también cumpliría para el mercado nacional; del mismo modo, fundió el material que se utilizó para la construcción de las vías férreas mexicanas, y generó la materia prima que haría posible la estructura de obras de ingeniería sorprendentes para el país de su tiempo.

La gran Fundidora vivió su esplendor en los años 50 y 60 del siglo pasado, cuando el mercado siderúrgico mundial crecía. Sus fases de modernización ocurrieron gracias a préstamos hechos por bancos estadounidenses, entre 1957–1968 y 1974–1975. El declive de la empresa inició a partir de 1973, cuando los precios y la producción del acero, a nivel internacional, entraron en crisis, debido al conflicto Occidental con los países petroleros de Medio Oriente. Entonces hubo medidas proteccionistas hacia los mercados internos en Estados Unidos, Europa y Japón, que también complicarían el panorama, y a esto se sumaría el surgimiento de la empresa siderúrgica China –hoy en día la más poderosa del planeta-, que había visto rescindir los acuerdos técnicos de asistencia ofrecidos por Rusia. La trayectoria parabólica del capitalismo entraba en uno de sus baches, para luego permitirse un nuevo crecimiento.

Después de la Revolución Mexicana (1910-1920 aprox.), el cierre de Fundidora (1986) fue el hecho social con mayores repercusiones en el Monterrey del último siglo, debido a la desaparición inmediata de 50.000 empleos directos e indirectos. La ciudad recibiría una lección contundente de la economía neoliberal: “las empresas en manos públicas no son rentables”.

 

Nota uno: la rentabilidad tiene muchas maneras de ser vista, sobre todo cuando se valora en términos sociales. Nota dos: Fundidora tiene una historia que produce orgullo, aunque también vergüenza, como quiera que gran parte de la ciudadanía local todavía la condena por lo que señalan como desidia, robo e irresponsabilidad de sus trabajadores. A ellos se les carga con la responsabilidad del cierre, aunque en realidad podamos explicar este fracaso administrativo como resultado de la reproducción de las prácticas políticas priístas que suelen ocurrir en el seno de las empresas paraestatales y políticas del México posrevolucionario.

Existen algunas ideas que surgen al visitar Fundidora, antes fábrica y trofeo; ahora fantasma, spot publicitario y parque; en el futuro, posiblemente souvenir. En Fundidora no se come. Hace apenas algunos meses se otorgó la concesión para instalar containers en algunos lugares del parque, donde se venden alimentos de paquete y refrescos, nada recomendable, apetitoso o nutritivo. Así que si trabajas o paseas en Fundidora y quieres comer en sus instalaciones, mejor trata de buscar alimento afuera. En Fundidora se camina / piensa / hace ejercicio con una banda sonora de fondo. El parque está bajo el influjo de una señal de audio que sale a través de bocinas estratégicamente instaladas, con una programación usual de música new age, bossa nova y clásica. En Fundidora no hay delincuencia. El sistema de seguridad del parque es muy efectivo. En Fundidora el tiempo libre es productivo. Puede decirse que los visitantes del parque seguimos, de alguna manera, adentro de una empresa, posiblemente en su zona de descanso, Fundidora es plural, aunque no lo parezca.

El Parque Fundidora es una réplica a escala de la ciudad, o por lo menos de sus deseos, un lugar donde se encuentran sin dificultad los tres principales gestores de 3 El Partido Revolucionario Institucional, PRI, fue conformado en 1929 por el Presidente Plutarco Elías Calles y un puñado de políticos. Dicho partido estuvo instalado en el poder hasta el año 2000, cuando el candidato opositor, Vicente Fox Quesada, perteneciente al Partido Acción Nacional, PAN, ganó las elecciones presidenciales. El establecimiento en el poder y las prácticas políticas del PRI fueron definidas por Mario Vargas Llosa como “la dictadura perfecta”. El PRI volvió al poder con Enrique Peña Nieto en 2012.

También existe un Restaurante (El Lingote) dentro del Museo de Sitio, Horno Tres, aunque con precios que la población promedio no puede pagar. A este restaurante se suman unos cuantos sitios de comidas que existen en CINTERMEX, y un consorcio de servicios de alimentos que ofrece buffets y menús para cubrir los cerca de mil eventos por año que se realizan en ese lugar. esta sociedad: obreros, ejecutivos y empresarios; personajes centrales del cuidado y la curación en una sociedad de control como la que hoy compone Monterrey.

El parque, que consta de 1.137.836.58 metros cuadrados, tiene al menos una tercera parte de esta superficie dada en concesión a empresas privadas. Hoy en Fundidora encontramos un centro de convenciones y exposiciones (Cintermex, 1991), un teatro (Teatro Fundidora, 1994), un parque acuático (Plaza Sésamo, 1995), un parque de aves (Parque de los Loros, 1995), un hotel de cadena (Holiday Inn, 1995), una Cineteca, Fototeca y Pinacoteca (1998 / 2002), un museo de sitio (Horno Tres, 2001), una pista de hielo para patinaje (Mabe, 2006), dos auditorios para conciertos (Arena Monterrey, 2003 y Auditorio Banamex, 2011), una rueda de la fortuna (Sabritas – Pepsi Cola, 2014), un Museo de Cera (2015) y un museo interactivo próximo a inaugurarse (Papalote, 2016). Todos estos lugares han sido entregados en concesión y para hacer uso de ellos, salvo la Fototeca y la Pinacoteca, debe pagarse un boleto de entrada. Las concesiones han sido dadas a 30, 40 o 50 años con opciones de renovación y frecuentemente los pagos son condonados a las empresas por los gobernantes en turno para pagar o recibir favores. Fundidora tiene más de 7000 cajones de estacionamiento y apenas 10.500 árboles (los grupos de ambientalistas aseguran que solo tiene entre 3.500 y 4.000)

Recommended Posts