La ciudad es una lucha de clases

Texto e imágenes por Isaac Torres

La ciudad es el espacio donde los procesos sociales se masifican. En la ciudad de masas el crecimiento es centrífugo y centrípeto y la estructura urbana se vuelve inestable. La ciudad de las masas es sin lugar a dudas el espacio en donde se gesta la lucha de clases, donde la conquista va encaminada hacia el espacio de las élites y en donde se aplana el terreno para la ciudad del futuro. La ciudad de las masas es sin lugar a dudas un territorio en eterna disputa.

Las ideas anteriormente presentadas provienen de algunas reflexiones de Jordi Borja y claro está que muchas aplican a la ciudad contemporánea, en particular a México. Pero en este escenario es claro también descubrir que la lucha de la que habla Borja no es solo espacial sino ideológica. El lugar público que el ciudadano común concibe como la calle, es un tema a debate. El debate gira en torno a quien pertenece, los mecanismos de control que operan en él y la manera en que se reconfigura a través de la apropiación o la segregación (Como la plazita del edificio Calakmul en Santa Fe en la que esta prohibido pararse, la banqueta frontal a Palacio Nacional en el Zócalo o la salida del Metro Tacubaya).

Si bien el pretendido espacio público ha incrementado y funcionado como una estrategia demagógica en esta ciudad, este espacio es concebido por un orden capitalista en donde no existe plaza sin comercio. No existe experiencia de libertad sin consumo y claramente lo podemos ver en el desarrollo de malls a cielo abierto disfrazados de andadores peatonales como la calle Madero en Centro Histórico o Masaryk en Polanco. Incluso la reciente intervención en la zona del Bordo de Xochiaca como un proyecto regenerador trajo consigo un Liverpool, un Cinemex y una Universidad LaSalle.

Entonces, la ciudad de las masas no precisamente ha conquistado el espacio de las élites, sino por lo contrario, amalgama su propia condición a vivir esta experiencia de consumo como la única manera de hacer ciudad, en una perversa y anquilosada estrategia feudalista, donde los empleados de la Torre Carso bajan a gastar su salario a la plaza comercial y a los restaurantes que se encuentran debajo de su centro de trabajo.

Sin embargo, Borja tenía razón al afirmar que la ciudad es un territorio en disputa, no solamente en términos sociales o políticos; (de sobra esta mirar en que dirección se concentran los ataques de los grupos radicales y/o subversivos que toman las calles por breves espacios de tiempo para transmutarlas de ágoras políticas a campos de batalla) sino en el terreno de la especulación y la sobreexplotación del suelo urbano.

La ciudad de las masas es el espacio de la lucha de clases por excelencia y la ciudad de México no dejará duda respecto a esto.

Hace algunos años inicié de manera intuitiva y por una lógica curiosa una investigación sobre la oferta inmobiliaria en la ciudad de México. Todo nació a raíz de una estadía larga fuera del país en la cual pude conocer como en otras ciudades (de Europa) el valor de renta de los departamentos podía llegar a ser similar al valor de algunas colonias de clase media y alta en la ciudad de México como la Condesa, Polanco, Anzures, Nápoles y Del Valle. La diferencia radicaba en que en algunos barrios de ciudades como Berlín o Barcelona (donde el suelo aún era asequible) como Neükolln, Kreuzberg y Friedschain o El Rabal, el Borne y Sagrada Familia, respectivamente, era posible encontrar un piso que equivalía a la calidad de la infraestructura urbana, la seguridad pública, la oferta comercial y recreativa y la accesibilidad.

Cuando volví a México después de esa experiencia quise encontrar un departamento pero mis posibilidades económicas no daban para mucho. Un artista con la fortuna de poseer una beca FONCA, con ingresos eventuales por trabajos freelance en el área creativa y un pequeño ingreso extra por docencia y actividades alternas tiene una economía inestable. Me propuse entonces determinar un porcentaje base para el gasto en renta, que equivalía al 33% sobre el total de mis ingresos. Luego de una primera aproximación descubrí que solo tenía tres opciones:  con eso solo me alcanzaría para seguir viviendo en la casa de mi familia, tendría que conseguir uno o dos roomies o me tendría que ir a vivir a un lugar lejano.

Fue entonces que me di a la tarea de visitar durante 6 meses todos los portales de oferta inmobiliaria como metroscubicos.com o segundamano. Día a día marcaba y hacia listas con Excel de las colonias con más oferta, las más caras, las más baratas. Establecía ecuaciones sobre el precio por metro cuadrado de ocupación mensual y la cantidad de metros a la cual podía tener acceso. Luego de un rato de esta ociosa actividad fui atando conjeturas y dándole forma a un proyecto de investigación sobre la lucha de clases y la distribución de la plusvalía. Unos meses después apliqué con ese proyecto a una beca de financiamiento para artistas y conseguí que lo que en principio fue un ocio se convirtiera en un proyecto financiado por la Fundación Bancomer y el Museo Carrillo Gil.

Con esos fondos finalmente pude rentar ese departamento tan anhelado en la colonia Postal, un barrio clasemediero mas cercano a lo popular en la delegación Benito Juárez; la copia económica de la colonia Álamos. Durante el proceso creativo y por varias razones el proyecto tomo otro rumbo hacia la historia de la vivienda en México y su involución. Sin embargo dentro de mi estudio continué trabajando en los mapas y durante un par de años mapeé cosas diversas, como la distribución del poder político, los centros comerciales, las unidades habitacionales y las zonas más ricas de la ciudad. A la larga estos mapas se convirtieron en documentos que me permitieron entender la ciudad, sus procesos evolutivos, su economía, pero sobretodo su distribución en función de la plusvalía y la lucha de clases.

La historia de la ciudad de México es en suma interesante y hablar de ella es no acabar jamás. Pero la parte que conocemos generalmente por la historia y la belleza arquitectónica corresponde a un eje de Poder y de capital dictaminado por la parte más pujante de esa lucha de clases, la que segrega y aísla.

La ciudad creció económicamente en un eje marcado que evolucionó desde la calle de Madero y la Avenida Juárez hasta Reforma, las Lomas, Polanco y Santa Fe, en otro corredor hacia el sur creció a un costado de Insurgentes – la avenida más importante de la ciudad -, la Roma, Condesa, Del Valle, Nápoles y así sucesivamente hasta llegar a los Pedregales de San Ángel, San Jerónimo y los bosques del sur e incluso más lejos.

En recientes años ese eje de la riqueza tomó otros rumbos con el desarrollo de Santa Fe y la expansión de nuevas colonias con nombres de Bosques hacia la zona poniente. También la zona norte tuvo un apogeo vinculando la ciudad Satélite con otros lares más lejanos como Atizapán y el Condado de Sayavedra.

Estos ejes de plusvalía y poder adquisitivo se enmarcan dentro de una estrategia de hacer ciudad que emuló muy bien los modelos americanos de la ciudad de los suburbios y de la ciudad jardín, pero adaptados a la lógica de producción mexicana. Por ahí un día cuando platicaba de estos trazos con mi colega Pablo Landa, me hizo una observación que nunca olvido.

“En los años cincuenta hubo dos grandes proyectos urbanísticos: Ciudad Neza y Ciudad Satelite. Ambos concebidos bajo la idea general de suburbio pero uno al poniente y otro al oriente. Uno respondiendo a las necesidades de un gremio potentado e intelectualizado y otro a un fenómeno de emergencia y migración masiva. El primero marcando la pauta de la vanguardia, la modernidad y la arquitectura internacionalista, el segundo demostrando que la voluntad lo puede todo, que la unión hace la fuerza y que el tabicón aparente puede esperar décadas antes de ser pintado. El primero construido por Barragán y sus compinches, el segundo por la Cartilla de la Vivienda de Felix Sánchez y hordas de Michoacanos, Oaxacos y Poblanos que hoy en día siguen preparando las mejores carnitas que ha probado esta tierra. Y siguen levantándole más pisos a sus casas.

Si bien la geografía de la ciudad, en particular el lago de Texcoco, había condicionado el desarrollo de la ciudad hacia el poniente; Ciudad Nexahualcoyotl y Ciudad Sátelite marcaron el crecimiento de la ciudad en dos ejes, la de los ricos hacia el poniente y la de los pobres hacia el oriente. O para que no se escuche tan categórico y si más marxista; la de los potentados y la de los obreros. Una tercer ciudad puso la cereza en el pastel: Ciudad Universitaria, que detonó el desarrollo hacia el sur de la ciudad de una clase cultural e intelectual. A partir de esas 3 ciudades todo lo demás creció en torno o detrás de ellas. Así aparecieron Lomas Verdes y Echegaray o el Pedregal y Jardines de la Montaña o la Agrícola Oriental y Chimalhuacán.

De esta forma la ciudad se dividió entre Oriente y Poniente y luego entre Sur y Norte. La historia de la zona conurbada en la franja norte esta ligada a la migración de la industria que propició la expansión de zonas como Naucalpan, Ecatepec, Cuautitlán y Tlanepantla, misma que se consolidó con las recientes políticas de vivienda que propiciaron la expansión de fraccionamientos alejados de la ciudad central. El bando 2 también tuvo su parte indirecta de responsabilidad. La del sur más ligada a la migración y a la densificación de pueblos originarios, así como a desarrollos de proyectos de vivienda masiva como las unidades habitacionales de FOVISSSTE e INFONAVIT. Entremedio se quedó la ciudad central. Aquella en la que se mezclaban las clases medias con las clases populares. La de las películas del cine de oro con sus vecindades, sus clases trabajadoras y sus barrios con estilo.

Cuando desarrollé este estudio me propuse dividir la ciudad en función del valor de renta por metro cuadrado, planteando unos números base y desarrollándolo de manera intuitiva y a través de la oferta que encontraba en los sitios de información inmobiliaria.

 

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