La experiencia organizativa en la colonia Guerrero y su trascendencia

Texto por Francisco Saucedo 

La historia particular y concreta del sector, del Movimiento Urbano Popular, responde a una experiencia colectiva, hombres y mujeres de esta colonia que han hecho posible que yo pueda contar y recrear esta experiencia de una etapa histórica del pueblo de México. Sirva este texto de homenaje y memoria, de recuerdo y reconocimiento, de aquéllos y aquéllas que ya se nos han adelantado y de quienes aún viven y fueron parte activa de esta historia; a todos y a todas ellas, por la simple razón de que ya queríamos ser hombres y mujeres nuevos en ese entonces, es decir, ¡ahora!

A 140 años del surgimiento de la colonia Guerrero, es mi intención recuperar esta experiencia para los jóvenes que en ella viven, por si pudiera servirles esta reflexión para que conozcan parte de esta historia de su colonia.

EL CONTEXTO

Llegué a la colonia Guerrero[2] de la Ciudad de México a principios de julio de 1977 para continuar mis estudios de Filosofía y Ciencias Sociales. La formación académica anclada en la Teología de la Liberación, los documentos del Concilio Vaticano II (1962-65) y de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) de Medellín de 1968, se conjugaban con el estudio sistemático del marxismo como herramienta metodológica para conocer la realidad y «saber leer los signos de los tiempos» como dice el documento Gaudium et Spes del Vaticano II. Nuestra visión y proyecto de vida cuestionaba qué cosas concretas había que hacer para estar de lado del pueblo –en sus aspiraciones, en sus esfuerzos, en sus luchas–, y encontrar una práctica de lucha revolucionaria consecuente. Nuestras actividades se destinaban en lo fundamental a la práctica educativa que tenía por referentes a Pablo Freire, la «educación liberadora» y la formación de Comunidades Eclesiales de Base (CEB’s): impulsamos la educación de adultos y la alfabetización.

Su origen popular tiene que ver de manera directa con la creación de la estación de ferrocarriles de Buenavista, a fines del siglo XIX. Entre 1920 y 1960, la colonia Guerrero se consolidó como una colonia de trabajadores debido a la presencia de los grandes talleres de ferrocarril que se extendían en los terrenos que hoy ocupa la Unidad Habitacional Tlatelolco; era, pues, una colonia popular donde se asentaba un sector de la población dedicada a diversos oficios cuasi-artesanales: sastres, carpinteros, ebanistas, zapateros, fontaneros, talacheros, panaderos, tapiceros o abarroteros, entre otros. Cabe destacar que en esa zona, el 18 de agosto de 1876, se constituyó la primera cooperativa de consumo del país: la primera es la de los sastres en 1873; a ésta le sigue la de carpinteros, otra de sombrereros, y la de consumo, inspirada en el modelo y el estatuto de los Pioneros de Rochdale y que llevaba por nombre «Primera Asociación Cooperativa de Consumo de Obreros Colonos.»

La colonia Guerrero es una colonia céntrica, que cuenta con todos los servicios públicos e infraestructura urbana (agua, drenaje, energía eléctrica, pavimentación, alumbrado, parques, iglesias, mercado, transporte), pero muy deteriorada por el tiempo y la falta de mantenimiento, característico de innumerables vecindades donde se aglutinan y hacinan cientos de familias en viviendas muy pequeñas de un solo cuarto. En los años 20 se desarrolló a nivel nacional un movimiento de lucha inquilinaria[3]; en la Ciudad de México la lucha se llevó a cabo en la zona central de la ciudad y en la colonia Guerrero en particular, siendo ésta una de las más activas en cuanto a organización y movilización. Se vive una pesada lucha en contra de los inquilinos a través de un marco legal inadecuado en el que el arrendamiento de viviendas se da en condiciones insalubres e inseguras, y hasta peligrosas. A los inquilinos se les demanda para reconvertir el uso del suelo en comercial, turístico y/o de servicios y erradicar el uso de vivienda (se desalojan las humildes vecindades con la excusa del impago de rentas).

Desde 1974, los jesuitas atendían el Santuario Parroquial de Nuestra Señora de Los Ángeles con P. Arnaldo Zenteno a la cabeza junto a un grupo de jóvenes jesuitas en formación, quienes comprobaron que el problema de la vivienda era fundamental. Gracias al Plan de Mejoramiento Barrial (Cuaderno azul) vio la luz un diagnóstico de necesidades, problemas y desafíos que debían ser atendidos, tanto en el terreno eclesial como en el social.

La experiencia en la Unión de Vecinos de la Colonia Guerrero, UVCG (1977-1985)

El 12 de octubre de 1976 el derrumbe de unas viviendas en la vecindad del número 168 de la calle Sol detonó la reflexión colectiva y un proceso de organización inicial. Desalojos, derrumbes, violencia legal, inseguridad para decenas de familias y muertes eran situaciones cotidianas y la incertidumbre de los vecinos del predio, y de otros vecinos solidarios, provocaron la formación de comisiones para asistir a la Delegación; dos consignas muestran el inicio de una organización barrial: «Soy de la Guerrero y aquí me quedo» y «Queremos morir en la Guerrero pero no aplastados». El germen organizativo había prendido; un grupo de jóvenes de vecindades ligadas a la parroquia difundieron volantes y con música, teatro y títeres visitaron numerosas vecindades informando del derrumbe y sus consecuencias, al tiempo que invitaban a los vecinos a organizarse y les convocaban a reunión. La incursión de los jóvenes en las vecindades se hizo a través de actividades dirigidas a los niños, lo cual resultó ser una buena táctica para atraer a los adultos.

En un año de trabajo se constituyó un proceso organizativo que derivaría en dos formas de organización distintas: la Cooperativa de Vivienda de “Cohuatlan” (responsable de 60 viviendas en Cda. de Marte 49), y por otro, la Unión de Vecinos de la Colonia Guerrero (UVCG) situada en Sol 168. Esta escisión arranca del proceso mismo de construcción de la organización popular: La lucha por lograr una vivienda digna, de bajo costo, accesible para los auténticos pobladores del barrio y/o de la colonia, fruto del esfuerzo y el trabajo de la gente organizada, se fueron desvaneciendo para muchos de los vecinos más activos en la lucha. El acceso a la vivienda quedó sujeto a un asunto de legalidad laboral según el cual sólo los beneficiarios de Infonavit[4] o Fovissste[5] podían acceder al crédito para una vivienda, sólo quienes tenían posibilidad de acceder a un crédito podían formar la Cooperativa de Vivienda por lo que muchos vecinos que participaban en este proceso organizativo tuvieron que abandonar porque no tenían posibilidad de acceso. De un lado, una posición rígida, formal y estricta pensaba que no se podía dejar pasar la oportunidad de construir la cooperativa y tener los créditos requeridos para hacer realidad el acceso a una vivienda digna; del otro, se pensaba que era incorrecto tener una vía de acceso al crédito que discriminara a la gente más pobre del barrio, y que ésa fuera la opción preferencial. Consideraban por tanto que, si no se ofrecía una salida para los más pobres del barrio entonces, no era una vía correcta.

En 1979 y 1980, se instituyó una asamblea de carácter anual con la participación de todos los miembros de la Unión. En ella se definían los principios, la estructura organizativa y los lineamientos de acción influenciados por el Frente Popular «Tierra y Libertad» de Monterrey y la «Unión Popular Martín Carrera», pioneros de la lucha inquilinaria (1974-76). La Asamblea Anual creaba las Comisiones Permanentes (la Coordinadora, la de Relaciones Exteriores, la Económica, la Técnica, la de Comunicación, y la Jurídica) y las Eventuales, cada una de las cuales debía elaborar un plan de trabajo. Aprendimos a evaluar y planificar nuestras acciones, a recuperar las experiencias de la actividad colectiva y organizativa, la vida en solidaridad, de trabajo de equipo, con lucha y esfuerzo personal pero valorado en colectivo, de estudio y reflexión, de método de trabajo, en ambiente fraterno y constructivo entre vecinos… este «proceso de construcción de la organización popular» crecía por su unidad, su presencia en el barrio y la colonia, su fuerza social, su solidaridad y su combatividad.

Pero, ¿qué eran las Comisiones de la UVCG y cómo lo trabajaban?

  1. a) La Coordinadora era la instancia responsable de vigilar y monitorear la actividad general de la Unión y estaba integrada por los coordinadores de cada Comisión y tres más elegidos por la Asamblea Anual. Tenía la responsabilidad de informar por escrito de los acuerdos y tareas de cada Asamblea semanal, material que se reproducía a mimeógrafo en número suficiente para los asistentes y representantes de las vecindades integrantes de la Unión. También, se informaba de las reuniones de otras instancias, de relaciones con otras organizaciones, de movilizaciones y de apoyo y solidaridad con otras luchas, así como otras cuestiones de interés, como los círculos de estudio de las vecindades y de las reuniones por región o zona en que se dividió a la colonia Guerrero para atender situaciones de urgencia (intentos de desalojo) o de emergencia (algún accidente, alguna detención, etc.).
  2. b) La Jurídica, responsable del seguimiento de demandas de los dueños de vecindades contra los inquilinos o juicios de terminación de contrato y/o de rescisión de contrato. La organización en defensa de la vivienda organizó a todos los vecinos al llamado de tres cohetes, para detener desalojos: «Hoy por ti, mañana por mí.» Se elaboraron materiales como el manual técnico «¡Cuidado con los derrumbes!» –que enseñaba a apuntalar techos y paredes, a aligerar techos o a realizar arreglos estructurales– el «Manual del Inquilino» –acerca del arrendamiento y la defensa legal y organizativa–, el «Manual de Lanzamientos» –con información sistematizada a lo largo de 5 años en la defensa de la vivienda y cómo detener los desalojos–. Desde el año de su constitución, 1976, y hasta antes de los sismos de septiembre de 1985, la UVCG detuvo más de 500 intentos de desalojo en la colonia, y en otras colonias a las que, de manera solidaria, se acudía en defensa de intereses populares.
  3. c) Relaciones Exteriores era responsable de mantener el contacto con otras organizaciones populares, con las Coordinadoras de masas de los años 80 (CNTE, CNPA, CONAMUP, COSINA); representaban a la UVCG ante la CONAMUP, y luego a la CONAMUP ante las otras Coordinadoras: el Frente Nacional en Defensa del Salario, Contra la Austeridad y la Carestía (FNDESCAC), que se convirtió después en la Asamblea Nacional Obrero Campesino Popular (ANOCP), instrumento organizativo que convocó el Primer paro cívico nacional del 18 de octubre de 1983. También participamos en el Frente Nacional Contra la Represión (FNCR) en unidad con el Comité Eureka y con Rosario Ibarra de Piedra al frente. Desde la UVCG se favoreció la construcción de la Coordinadora Inquilinaria del Valle de México, que incorporaba organizaciones de los Cuartos de Azotea y Estacionamientos de Tlatelolco, la colonia Morelos, el Edificio «Gaona», el Edificio «Condesa», la colonia Pensil, la Sta. María la Ribera, Martín Carrera, la Doctores, del Centro, Vallejo, y Sta. María Insurgentes[6].
  4. d) La Técnica atacaba el punto que dio origen a la Unión: los derrumbes. El trabajo se desarrollaba en jornadas de trabajo: un grupo con asesoría de un arquitecto y/o ingeniero levantaba peritajes de las condiciones estructurales de los inmuebles y proponía acciones concretas como recaudar fondos o comprar materiales; tal fue el caso en 1984 de Camelia 102, o Sol 199, experiencias muy valiosas que se recuperaron a la hora de enfrentar el reto de la reconstrucción de 1985. Estas jornadas de trabajo jugaron un papel fundamental en cuanto a la seguridad de las personas que habitaban viviendas viejas e inseguras. Si en los sismos del 85, la colonia Guerrero no tuvo tantos derrumbes y muertes que lamentar como en otras zonas, esto se debió a las decenas y decenas de arreglos de viviendas, de apuntalamientos, de aligeramientos de techos, etc. que se hicieron durante los años previos al sismo por estas recreativas, solidarias y valiosas jornadas de trabajo.
  5. e) Comunicación mantenía informados a los miembros a través del periódico «La Voz de la Guerrero» y el volante «El Alarido de la Guerrero.» Esta comisión entró en relación con maestros y estudiantes de la UAM Xochimilco (1984-85) de la carrera de diseño gráfico que asesoraron y capacitaron en técnicas de serigrafía, elaboración de mantas con plantillas y dibujos, diseño y elaboración de carteles, etc. Además, con motivo de cada aniversario, organizaban festivales culturales así como festividades religiosas (2 de agosto de Nuestra Señora de Los Ángeles, 12 de diciembre de la Virgen de Guadalupe, las posadas de diciembre, el 15 de septiembre Día del grito, el día de las madres, el día del niño, etc.) No faltaron los problemas: el 9 de septiembre de 1985 se da una fuerte división en la UVCG, calificada de escisión de derecha (IOCGyM) y con presencia en la zona sur de la colonia. Con el tiempo esta organización se ligó al PRI.

Los sismos de septiembre de 1985, la Coordinadora Única de Damnificados (CUD) (1985-1987)

A las 7 horas y 19 minutos del jueves 19 de septiembre de 1985, tras el impacto del movimiento sísmico, sin mediar aviso, la gente de la Unión se fue juntando poco a poco en el local de Sol 168. Desde ahí, se empezaron a organizar las brigadas que salieron a peinar la colonia y traer la información. Entre las 10:30 y las 11 horas de la mañana en el pizarrón de la Unión ya se tenía un primer recuento de daños y necesidades de la colonia. En Estrella, entre Héroes y Guerrero, se había derrumbado un edificio de departamentos de reciente construcción que había sustituido a una vieja vecindad. En Héroes 156, entre Violeta y Mina, se derrumbó la vecindad dejando varios muertos y heridos. Habían explotado algunos tanques de gas doméstico lo que, entre el polvo y el fuego, hacía que el cuadro fuera mucho más dramático. La gente estaba ya volcada en la ayuda: aparecían picos y palas por todos lados, cubetas, sogas y lazos, todos querían ayudar y había quienes hicieron actos de verdadero heroísmo para ayudar a los vivos –algunos de ellos realmente heridos– a salir de entre tanto escombro. Más tarde, se trataría de sacar a los muertos. El dolor y la tragedia se sentían en la ciudad por esos días; sin embargo, la solidaridad viva de la gente y su iniciativa rebasaron a las autoridades, tanto delegacionales como estatales y federales. En las calles la auto-organización fue la clave de los primeros momentos.

La falta de servicios públicos dañados por el terremoto, como la energía eléctrica en casas y calles, la falta de agua potable (el rompimiento de tuberías hidráulicas y del drenaje) o la falta del servicio telefónico entre otros, hacía muy delicada la situación. En la Guerrero la gente acudía a la UVCG para informarse, organizarse y actuar en favor de los damnificados; en la iglesia de Los Ángeles, el párroco tomó una decisión muy clara y contundente desde el principio: convertir el templo en un lugar de acopio para la solidaridad y apoyo que toda la gente de buena voluntad quisiera hacer para ayudar a los damnificados, apoyo que se otorgaría principalmente a las organizaciones populares de damnificados. En la Unión se continuó con el envío de brigadas a las vecindades de profesionales, arquitectos o ingenieros, que se ofrecían para hacer peritajes y recomendaciones.

La emergencia por un lado y la incertidumbre por otro nos exigían, como equipo de trabajo y como dirigentes, la necesidad de ser claros con la gente ante cualquier alternativa necesaria. Nos reuníamos todas las noches después de un largo día de trabajo lleno de solidaridad y se planteaba la necesidad de tener un plan de reconstrucción de las viviendas dañadas, y de evitar a toda costa cualquier desalojo. La situación era propicia para favorecer a los dueños de las vecindades, ya que ahora el bien (la vivienda), producto del contrato de arrendamiento, estaba en condición inhabitable o destruida, lo que hacia nulo o inexistente el contrato de arrendamiento. Entonces surgió la propuesta de expropiación de los predios dañados: nadie debía abandonar su vivienda, si ésta estaba dañada habría que poner un campamento afuera en la calle, pero jamás abandonar el predio por el riesgo de perderlo. El rumor prendió como gasolina al fuego y en poco rato las calles de las colonias Morelos y Guerrero estaban llenas de campamentos de damnificados. También elaboraron un folleto que llevaba por título «Proyecto de Reconstrucción Popular para las colonias Guerrero y Morelos» (en mimeógrafo, con trazos de planos de vivienda, medidas y materiales para reconstruir las viviendas), firmado por la UVCG y la Unión Popular de Inquilinos de la colonia Morelos–Peña Morelos, como organizaciones populares, y Casa y Ciudad, AC como asesor técnico del proyecto.

Surgimiento de la Coordinadora Única de Damnificados (CUD)

Producto de las reuniones entre las organizaciones de la Coordinadora Inquilinaria y otras nuevas que emergían de los damnificados, se acordó formar la Coordinadora Única de damnificados en la que se reunían la Asociación de Residentes de Tlatelolco y los Cuartos de Azotea, las colonias Guerrero, Morelos (varias organizaciones), Tepito (varios campamentos), Santa María la Ribera, Centro (varias organizaciones), Doctores, Tránsito, Obrera, Valle Gómez, Roma, el Multifamiliar «Juárez,» el Sindicato de Costureras «19 de septiembre,» la Magdalena Mixhuca, Peralvillo, además de un movimiento de organizaciones solidarias, como las integrantes de la CONAMUP.

La primera movilización de damnificados tuvo lugar el 27 de septiembre de 1985, una semana después de los sismos; salió de la colonia Morelos (de la esquina de Labradores y Av. Congreso de la Unión) desde un local de la Unión-Peña Morelos. Durante el trayecto, por Tepito, se fueron incorporando miles de damnificados; una vez en Reforma con el Eje 1 Norte, se juntaron las marchas de la Guerrero y Tlatelolco, y continuando por Paseo de la Reforma rumbo a Los Pinos, se fueron incorporando más y más contingentes. A pesar de que no ser recibidos en Los Pinos, nos enviaron camiones para dirigirnos en comisiones a la SEDUE[7] con el secretario Guillermo Carrillo Arena, quien no tardó mucho tiempo en dejar su puesto.

Un aspecto fundamental de la UVCG fue su esfuerzo por crear un único organismo civil fundamental –adelantándonos a la propuesta de concertación posterior de carácter multidisciplinar– que aglutinaba a otros organismos bajo el nombre de Promoción de Actividades Socio Educativas, PASE, AC. y que integraba a Casa y Ciudad, A.C. –como cuerpo de técnicos, ingenieros, arquitectos, maestros albañiles–, al Corporativo de Estudios y Asesoría Jurídica, A.C. –como la instancia responsable de todo lo legal–, a Fomento Cultural y Educativo, A.C. –responsable de la cuestión administrativa y de los fondos económicos– al párroco de la iglesia de Los Ángeles –como autoridad moral del proyecto de reconstrucción popular– y a la UVCG y la Unión Popular de Inquilinos de la Colonia Morelos-Peña Morelos –dos organizaciones populares de la zona central que eran los beneficiarios directos del proyecto de reconstrucción que estábamos proponiendo–. Este proyecto favoreció la aparición de escuelas de capacitación y especialización en materia de electricidad, plomería y albañilería: los compañeros(as), instruidos en la práctica, impulsaron el proyecto de reconstrucción por voluntad popular y al margen de toda legalidad;. Las dos primeras vecindades fueron Lerdo 132 (Guerrero) y Obreros 12 (Morelos, Tepito). A la fecha varios de ellos hoy viven de esa capacitación especializada.

La propuesta de expropiación de predios fue, desde mi punto de vista, el elemento crucial de la reconstrucción y un motivo de esperanza en la lucha por quedarnos en la zona. No hubo mejor oportunidad para hacer el planteamiento de manera pública que llevarlo ante el presidente Miguel de la Madrid el 2 de octubre de 1985. Ahí le planteamos con claridad la solicitud de: 1) La expropiación de los predios dañados por el sismo para evitar la especulación sobre el suelo; 2) La rehabilitación urgente e inmediata de servicios públicos como agua, luz y drenaje; y, 3) Un proyecto de reconstrucción de viviendas de carácter popular. Se hizo entrega de un folleto que contenía la propuesta de la UVCG y la Unión-Peña Morelos para ello[8]. En el MUP llegó a un nivel de maduración social y política, se logró constituir en un sujeto social, un sujeto histórico. Otro elemento que jugó a favor de los damnificados y, en particular, de la CUD fue la relación con la prensa, sobre todo internacional, presente desde el primer sismo. Nos dieron la palabra, y los damnificados la tomamos, acompañados por la gente afectada, la organización solidaria para cumplir las demandas inmediatas y de la organización para la reconstrucción. Parece un asunto menor, pero en ese tiempo la prensa nacional maniatada descaradamente por el gobierno, y éste, dejaban sentir su fuerza a cada momento censurando y/o aprobando información; la circunstancia nos favoreció y el MUP supo aprovecharlo para beneficio del sector, de los damnificados y de la solidaridad.

Triunfo de la reconstrucción: el surgimiento de la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México (ABCM) (1987-1992)

La reconstrucción lograda olía a triunfo del esfuerzo de los damnificados (el dato es que se construyeron más de 60 mil viviendas en año y medio, un hecho inédito no sólo en México sino en el mundo) y, consecuentemente, le otorga a los dirigentes una credibilidad inusitada de parte de la población. La discusión en el seno de la CUD se divide en dos posiciones: la posición que optó por la creación de la ABCM exigía, que terminada la reconstrucción a favor de los damnificados del terremoto, se continuara la lucha por la vivienda por los damnificados de la vida, por los agraviados del modelo económico; la otra, proclamaba la necesidad de aprovechar la reconstrucción para seguir con la rehabilitación de los barrios y las colonias, el trabajo cultural y educativo, en definitiva, un programa de lucha más integral. Las posiciones no eran en sí contradictorias, más bien parecían complementarias de un mismo camino.

Antes de hacer pública la convocatoria de la primera Asamblea de los barrios del 4 de abril de 1987, se abrieron centros de registro de los ciudadanos sin vivienda que decidieron el camino de continuar la lucha de los damnificados por la vida y el modelo económico impuesto. Los primeros momentos se caracterizaron por la afluencia ‘masiva’ de gente en los centros de registro, ya que corría la fama de que «ésos son los muchachos que lograron dar casa a las familias de los damnificados.» El movimiento creció de manera exponencial ante la expectativa popular de adquirir una vivienda. Las primeras reuniones eran masivas, las asambleas de entre 8 a 10 mil gentes. La directriz: auto-organización, formar grupos de 24 gentes, asumir la responsabilidad del proceso organizativo, crear una estructura interna de organización, guardar la documentación de los compañeros del grupo y participar en los procesos de negociación. El carácter masivo de la lucha y la permanente movilización en cualquier acto o actividad generó un espíritu de creatividad e imaginación que significó un rasgo particular muy característico de la ABCM: la alegría y la diversión de la gente en medio de la lucha y sus circunstancias. Su originalidad, lejos de restarle seriedad al movimiento, le potenció y le dinamizó en su compromiso social y político en la lucha por transformar la ciudad y el país.

Al acercarse a la cronología de la ABCM se constata la fuerza de la movilización popular; se comprende una estructura organizativa flexible y adecuada constantemente a la realidad y a sus propias necesidades; se saborea el ingenio y la chispa de un pueblo activo e interesado en cambiar estereotipos, para rescatar profundamente la solidaridad y la fraternidad. Carlos Monsiváis lo dijo con estas palabras el 6 de julio de 1988: «El voto de Cuauhtémoc por Superbarrio es todo menos un capricho. Es el homenaje sonriente a las fuerzas emergentes que ya no excluyen entre sus tácticas propagandísticas el sentido del humor, a la nueva cultura urbana cuyo relajo es también resistencia».

 

[1] “Experiencia desde el Movimiento Urbano Popular”. Ponencia presentada en el Seminario: FORO SOBRE AUTOGESTIÓN, del Programa de Autogestión Cooperativa (PAC) de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), Plantel Del Valle. Ciudad de México, 14 de septiembre de 2007.

[2] Llegué a vivir al antiguo barrio de Los Ángeles, el cual –según cuenta la leyenda– cuando era gobernado por el cacique Izayoque sufrió una terrible inundación de la que sólo se salvó una pared de adobe donde, sobre un lienzo, estaba estampada la imagen de la Señora de Los Ángeles en 1580.

[3] Un ensayo histórico de Paco Ignacio Taibo II, que lleva por título «¡Inquilinos a colgar la rojinegra!», da cuenta de la influencia en el grupo de la Unión de Vecinos de la Colonia Guerrero (UVCG) a finales de los años 70.

[4] Siglas del Instituto Nacional del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, dedicado a la producción de vivienda social por parte del Estado y a la entrega de créditos para la compra de inmuebles, que beneficia a los trabajadores del sector público y el sector privado, indistintamente.

[5] Fondo de la Vivienda del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, creado y administrado por el Estado para promover la producción y el crédito a la vivienda exclusivo para los trabajadores del sector público.

[6] A nivel internacional, la lucha del pueblo nicaragüense con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en contra de la dictadura de Somoza logra la victoria el 19 de julio de 1979. Inmediatamente después, siguió la lucha del pueblo salvadoreño con el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional: «¡Primero Nicaragua, después El Salvador, América Latina por su liberación!», era la consigna popular que coreábamos en las marchas y eventos. El asesinato de Monseñor Romero el 24 de marzo de 1980 fue un acontecimiento doloroso e impactante.

[7] Secretaria de Desarrollo Urbano y Ecología del Gobierno Federal de México

[8] Documento presentado ante el Comité XV años de los sismos del ’85, en la mesa redonda «Actores de la Reconstrucción», con fecha 8 de septiembre de 2000.

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