Los espacios ahogados por el segundo piso del Periférico

El proyecto iniciado en los años 50’s, bajo la promesa de mayor movilidad e inminente innovación, se ha convertido en uno de los mayores trabajos de infraestructura llevados a cabo en la ciudad de México. Con un aproximado de 60m de longitud y siendo el paso diario de 4 millones de vehículos el Anillo Periférico es un monstruo de concreto que nunca duerme.

Hace una década, durante el mandato de López Obrador, se propuso la construcción del segundo piso del Periférico replicando la solución de ciudades como Los Ángeles al constante aumento del tránsito vehicular. Sin embargo la pésima planeación que suele caracterizar a las obras públicas no sólo no se preocupó por una construcción organizada y silenciosa sino que falló en investigar a fondo el impacto que tendría en la ciudad una construcción de esta naturaleza.

Poco tiempo después de empezada la construcción de este ambicioso proyecto, los conflictos de comunicación con el contexto empezaron a aflorar desde la interrupción de la entrada de luz a ciertos espacios habitacionales hasta la muerte del comercio local que quedó hundido debajo de esta estructura. ¿Qué pasa con la interacción humana cuando la escala del proyecto no está pensada para humanos? La respuesta es simple: desaparece pues los segundos pisos exclusivos para tránsito vial terminan con el tránsito peatonal.

En el año 2010 Estados Unidos anunció la demolición de siete vialidades elevadas entre ellas  Cleveland, Seattle y Baltimore y Corea del Sur decidió ceder la autopista principal Cheonggye Expressway, para abrir el canal Cheonggyecheon y rescatar los espacios naturales pues ambos países se dieron cuenta de que esta solución lo único que provoca es mayor tránsito y contaminación a la vez que impide a los peatones y ciclistas transitar de manera segura, entre muchas otras situaciones que conciernen a la  facilidad de acceso, calidad de vida y una notable baja en ventas para los locales comerciales aledaños.

La ciudad de México está en retroceso pues en pleno 2015 la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, a pesar de la evidencia e investigación acera de los problemas de esta solución,  sigue apostando por la construcción de estas estructuras elevadas cuando debería preocuparse por encontrar soluciones alternativas y efectivas ante los problemas que nos aquejan actualmente.

La solución está en darle preferencia al peatón y al ciclista, mejorar el transporte público, rescatar zonas verdes y sobretodo: proponer soluciones completas escuchando a la sociedad.

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