Misael Torres

Texto|Blanca Sotos

«“Realidad” siempre deberá ir entre comillas. »

Richard Buckminster Fuller

Artista y productor, con estudios de arte y tecnologías de producción en diversas instituciones del INBA, UNAM y CONACULTA. Es fundador y Director general del Centro ADM, así como del Festival Internacional de Fotografía PORTFOLIO. Fue ponente del Visionado de Portafolios de Trasatlántica / PHOTO España, en Nicaragua en 2010 y jurado del Programa para Estudios en el Extranjero de FONCA, 2013. Ha participado en numerosas bienales en México, en exposiciones colectivas e individuales y ha sido becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA en dos ocasiones, así como del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales FONCA y del Fondo de Apoyo a las Artes de Fundación Bancomer. Su obra se desarrolla desde la fotografía y otros medios como la instalación, la escultura y el video. Actualmente desarrolla proyectos fundamentados en la hiperconexión de fenómenos culturales contemporáneos entre arte, moda, tecnología, sociedad, cultura y entretenimiento.

 

La obra de Misael Torres, unas veces a través de la fotografía, otras por medio de la escultura, retrata la sociedad moderna en su aparente día a día, a través de pequeños momentos aparentemente insignifi cantes: el tránsito, el consumo, el orden y la repetición en el espacio social, las prácticas de simulacro y simulación o las fantasías del imaginario de turismo global. Sus escenas, planos fijos de algo que evoca cierto movimiento, exploran las múltiples capas invisibles que se desprenden de la imagen estática de lo cotidiano en sociedades posmodernas.

En sus fotografías, Torres dejar claro que nada está claro. Se esfuerza por dejar claro al espectador que es precisamente eso, un espectador; más allá de mostrar el carácter fantasmagórico de la imagen, lo que ella misma oculta, lo que queda fuera de plano; la realidad está concebida como un producto de ficción más o menos verídico, pero falso en cualquier caso. Sus instantáneas exhuman cierto aire de falsedad en el que la imagen parece ser una espontánea construcción. Son 100% mentira, como la vida misma.

En todas sus fotografías la luz juega un papel más que importante. La iluminación del escenario favorece la aparición de atmósferas inquietantes, ambientes en los que el no-lugar se asienta entre bambalinas y asoma tras las escenografías irreales de una sociedad vacía, que encierra algo oscuro, perverso. Sabemos que sus fotografías no son planas, en ellas suceden cosas, pero no sabemos cuáles.

En todas ellas, la luz apunta y resalta un elemento principal –un niño en el agua, un paso de peatones, un hombre en traje de baño con palmeras de fondo, o los zapatos de un homeless. Ese elemento es el punto de partida de todo lo demás; en él se concentra algo –una mirada, un rayo de luz– que a su vez refi ere a algo fuera del plano de la fotografía dejando en suspenso la consecución y cierre de la historia que da por concluida la fotografía. Son historias –sí, historias– inconclusas que no terminan de dar por sentado nada. De ahí la razón de la inquietud que provocan.

En la imagen que acompaña este texto hace frío, suena tráfico lejano, pero el silencio hace más inquietante la escena. Nadie sabe cómo acaba uno en semejante lugar. ¿No hay nadie ahí? O tal vez sí. Da la sensación de estar frente a un plano secuencia congelado en el que algo está apunto de suceder: todo remite a otra cosa.

Torres retrata con gran destreza lo que pasando inadvertido resulta ser esencial, lo otro que se despega de inocentes imágenes que podrían confundirse con algunas tomas de uno de los maestros de la fotografía contemporánea, Martin Parr.

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