Moloch y el culto a la riqueza

Por Alejandro Gómez Arias

Así, la libertad económica significaría libertad de la economía,

de estar controlados por fuerzas y relaciones económicas,

liberación de la diaria lucha por la existencia, de ganarse la vida.

Herbert Marcuse

Indiscutiblemente el culto capitalista está presente en la semana laboral y también en los días de asueto, llamados aún así más que nada por costumbre, ya que prácticamente se extinguieron cuando los capitalistas puritanos abolieron la mayor parte de los días feriados católicos, considerados como un estímulo para la ociosidad. Este culto, existe a su vez en las vacaciones y en el tiempo libre del desempleado, es de esta manera que en la religión capitalista, no se elige un día dedicado al culto sino que cada día se vive el despliegue de la pompa sagrada, es decir, de los rituales de la bolsa y de la fábrica -así también forma parte del mismo tiempo de ocio, como demostrara Debord- el culto es permanente. De esta manera esta festividad se nos presenta en su obsesión como “la celebración de un culto sans [t]rêve et sans merci […] de la más extrema tensión de los fieles.” (Benjamin) 1

 

1 Sans [t]rêve et sans merci puede ser traducido como sin [Sin [tregua]sueño y sin misericordia].

 

Es de destacar que en las primeras nociones que tenemos memoria sobre el trabajo, desde Grecia antigua con el mito de Pandora y todos los males que se desbordaron por su caja (entre ellos los que relacionamos negativamente con la búsqueda del sustento) hasta la mitología hebrea de  la expulsión  de Adán y Eva del jardín del Edén, el trabajo ha sido entendido como un castigo, una especie de maldición, un tripalium. 2

En el filme futurista Metrópolis de Fritz Lang planteado en el año 2026 la casta de trabajadores aparece representada cruelmente como esclavos con desempeño robótico, donde sus funciones vitales han sido reducidas a movimientos mecánicos en simbiosis con la monstruosa máquina de producción. Es una de las muestras más potentes del culto al tripalium que tenemos desde la representación cinematográfica, donde Moloch 3 -conjurado en una visión de su protagonista- es el dios voraz al cual se rinde culto al devorar en sus llamas a los trabajadores. La alegoría al sistema productivo es poderosa, Moloch como demoniaca máquina metafórica y real que devora el trabajo vivo de los obreros.

2 La palabra trabajo viene de trabajar y esta del latín tripaliare, que a su vez viene de tripalium el cual era una especie de yugo hecho con tres (tri) palos (palus) en los cuales amarraban a los esclavos para azotarlos. En esta lectura el trabajo es sufrimiento.

3 Moloch era un dios fenicio, cartaginés y sirio representado como una figura humana con cabeza de carnero o becerro. Los sacrificios preferidos por Moloch eran los niños, especialmente los bebés, por ser los seres más impregnados de materia. En los templos en los que se rendía culto a Moloch se encontraba una enorme estatua de bronce del dios.

Por su parte Allen Ginsberg hace lo propio sobre el tema al invocar a Moloch desgarradoramente en la segunda parte de su poema Aullido:

[…] ¡Moloch cuya mente es maquinaria pura! ¡Moloch cuya sangre es un torrente de dinero! ¡Moloch cuyos dedos son diez ejércitos! […]

¡Moloch cuyos ojos son mil ventanas ciegas! ¡Moloch cuyos rascacielos se yerguen en las largas calles como inacabables Jehovás! ¡Moloch cuyas fábricas sueñan y croan en la niebla! ¡Moloch cuyas chimeneas y antenas coronan las ciudades!
¡Moloch cuyo amor es aceite y piedra sin fin! ¡Moloch cuya alma es electricidad y bancos! […]

Para Ginsberg, Moloch no es tanto la maquinaria física y metafórica que presenta Lang, como si es La omnipresente presencia en la cual el individuo se encuentra profundamente inmerso en una relación de asfixia y locura, también puede ser entendido como la relación con la ciudad misma, en tanto personaje vivo que habita y es habitado.

La diferencia sustancial entre posturas es el asumirse inmerso en Moloch, no contra una figura máquina/demoniaca hacia la que se pueda combatir, ahora Moloch ha abarcado toda posibilidad en universo cosmogónico, incluso la propia conciencia, ahora se es uno con Moloch, con la ciudad y el origen de su riqueza y miseria.  
*El presente texto es un extracto del texto Moloch el Señor del culto al trabajo.

 

 

 

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