Onnis Luque

Texto|Mariana Barrón

“La arquitectura es un acto político por naturaleza. Tiene

que ver con las relaciones entre los usuarios y cómo éstos

deciden cambiar sus condiciones de vida”

Lebbeus Woods

Arquitecto egresado de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Es Fotógrafo de Arquitectura. Su trabajo ha sido publicado en diversas revistas como DOMUS, Arquine, MONU, Architectural Digest, PLOT, Glocal y Código. Ha sido seleccionado en varias bienales y concursos de fotografía. Recientemente publicó el libro USF/DF Tácticas de apropiación (CONACULTA/ Ediciones Acapulco 2014) en el que muestra un trabajo de corte documental realizado durante varios años en la Unidad Habitacional Santa Fe, en la ciudad de México, de la cual es oriundo. Vive y trabaja en la Ciudad de México.

La perspectiva de Onnis Luque se puede dividir, quizás, en dos fases; la de arquitecto que ve otra arquitectura a través del lente o la del fotógrafo que desde su experiencia personal percibe la ciudad y/o la arquitectura con una conciencia crítica evidenciando fenomenologías. Quiénes han podido conocer la obra de Onnis retratando edificios magníficos como algunos de Atelier ARS o Alberto Kalach pueden percibir la disciplina, la delicadeza de cada toma para dar a entender espacios que probablemente uno no llegue a conocer en vivo pero que con aquella imagen podemos llegar a un conocimiento imaginado del espacio. Es clara la visión de un arquitecto que define los elementos: el muro, la ventana, las fachadas.

Por otro lado, persiste la historia personal. Onnis creció en la unidad habitacional Santa Fe, construida por Mario Pani e inaugurada en 1957 por el presidente Adolfo Ruiz Cortines. Era una típica célula habitacional moderna acondicionada con equipamiento urbano que iba desde un centro de salud, deportivos hasta áreas de esparcimiento.

Como bien se ha podido ejemplifi car en varias unidades como la Unidad Tlatelolco, el CUPA, la unidad Latinoamericana o el Altillo, hay un sentimiento comunitario que se recrea con la arquitectura como testigo. Aquí resulta posible el objetivo deseado de un sueño revolucionario que se generó en Europa y se replicó en países ‘periféricos’ que van desde África, La India, México o Brazil. Lo que me es importante notar en esta expansión arquitectónica es en el sentido de pertenencia que cada grupo humano manifestó. La domesticidad de la arquitectura fue evidente para volver algo en principio ajeno para después hacerlo propio.

Pierre Bordieu define este tipo de prácticas como el habitus, las cuáles son individuales y colectivas que por ende terminan siendo producto de la historia (arquitectura/ciudad/arte). El habitus se entiende como un proceso de conocimiento y toma de conciencia no uniforme que se hace todo el tiempo de manera fragmentada, parcial o diversa. Los efectos del habitus, que no siempre son concientizados son los que permiten el sentido común en las diversas sociedades. Se logra un consenso de las prácticas y el mundo, la armonización de las experiencias colectivas o individuales.

Su presencia activa en las experiencias se registra en cada organismo bajo esquemas de percepción, de pensamiento y de acción que garantizan la conformidad de las prácticas y su constancia a través del tiempo(usos y costumbres). En este caso surge desde nuestras ciudades la necesidad de una apropiación clara del espacio y el tiempo, que permite la empatía entre los diversos actores, los cambios y el posible entendimiento de los espacios en ciudades que por su contexto histórico y su memoria colectiva son multi-étnicas, multi-funcionales y multi-territoriales. Esto mismo es lo que Onnis, nuestro cronista de la imagen, representa en la persistencia de lo doméstico. Intersectando lo público y privado a través del fino lente de una cámara.

 

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