Santa Fe Trazos [Impensados] hacia la modernidad

Texto: Colectivo Viver

[En el verano de 2015, Sofía Bastidas, curadora de origen ecuatoriano – quien reside actualmente en Miami, dentro del proyecto de Residencias Canonnball -, vino a México y participó como huésped invitada dentro del PIRA (Programa Internacional de Residencias Artísticas) de Centro ADM, a través del cual impartió un taller denominado Ejercicios curatoriales para la sensibilidad, en el que un selecto grupo de estudiantes participó en el análisis de propuestas curatoriales y experiencias que abandonan los museos y los espacios tradicionales de exhibición, para participar de proyectos que intervienen el tejido urbano y social. Como parte del trabajo realizado en el taller, el Colectivo Viver, integrado por  Irene Vélez, Moisés Ferrer y Paola Valentino generó una investigación sobre el desarrollo urbano de Santa Fe, en la ciudad de México. Bastidas ha sido invitada por El Asunto Urbano a apoyar en la coordinación de esta investigación, misma que será presentada a lo largo de tres entregas en las páginas de esta revista.]

¿Quién creería que de aquel terreno lejos del bullicio de la capital surgiría una ciudad pensada en los términos de sustentabilidad propia, lujo y segregación económica? Pocos pueden imaginar la rapidez con la que Sta. Fe logró transformarse de un pueblo virreinal, pasando por ser un centro minero, un lote baldío, una región invadida por gente de escasos recursos, hasta convertirse en el centro económico de México.

Desarrollo urbanístico de la Ciudad de México.

El gobierno del General Porfirio Díaz (1877 – 1910) heredó los primeros planes de urbanización tanto para la Ciudad De México como para otros estados de nuestro país. Con la expansión de las vías férreas, la construcción de carretas, la llegada de los primeros automóviles y el tranvía eléctrico provocó el inicio de la planificación para incrementar el área urbana más allá de lo que hoy es el Centro Histórico del Distrito Federal. Éste se extendió al otro lado de la Alameda y se crearon nuevas colonias como la Guerrero, Santa María la Ribera, Juárez y San Rafael.  Además, se proyectaron a la par de estos planes, programas para saneamiento como sistemas de drenaje y de alcantarillado.

Hacia la década de los treinta y pensando en un modelo orientado a la modernización de la Ciudad de México, el arquitecto Carlos Contreras integró un “Plano Regulador” (1933). Dentro de éste se expresaban varios aspectos destacables, por ejemplo, se decidió tomar a la capital como el núcleo del proyecto por diversas razones; por ser la zona con mayor densidad de población (1,000,000 habitantes), porque en él residían los tres poderes de la nación, porque en él se concentraban las vías de mayor circulación del país y, una de las cuestiones más importantes, porque era el centro comercial, económico y cultural del país.

Otro aspecto de vital importancia en el plano del Arquitecto Contreras, fue la petición de crear leyes o decretos que sirvieran como apoyo al proyecto. Con esto se pretendía que se pudiera reglamentar todo lo concerniente a la casa habitación, la restricción a los inquilinos referentes a la posesión de diversos animales, necesidades de la población como agua y drenaje además de lugares específicos para colocar la basura, limitar las migraciones a la ciudad para mantener un orden controlado y evitar que se multiplicara el número de personas dedicadas a mendigar y se comenzó a vislumbrar a una búsqueda por proteger zonas verdes y ríos.

No obstante, en los años 40 se consolidó un modelo económico complejo que tenía por objetivo  incentivar la economía del mercado. Esto dio origen a la reestructuración de un proyecto de nación que trajo consigo nuevos planes de desarrollo urbanístico que conllevaron  a un proceso de construcción muy acelerado. Con este nuevo eje económico trazado se modificaron también los planes para el crecimiento urbano, se buscó que fuera dirigido más al servicio del poder económico y mercantil y ya no enfocado a responder a los problemas sociales, culturales y funcionales de la ciudad.

Historia de Santa Fe

El origen del pueblo de Santa Fe nos remite a la época del Virreinato de la Nueva España (1532). Su fundador, Vasco de Quiroga (Nombre que recibe la avenida más importante de Santa Fe hoy día), buscó cimentar una ciudad que asistiera a la población en situaciones desfavorables y que además en ella los frailes pudieran impartir educación, que como ocurría casi de forma general por aquellos tiempos, era de índole religiosa para lograr una total conversión al cristianismo, latín, música, entre otras asignaturas. Vasco de Quiroga pensó también en los medios que darían sustento a la ciudad y se impulsó que los habitantes aprendieran algún oficio en talleres como la carpintería, la forja y trabajos de cantera, además, se crearon espacios para la labranza y algunos huertos. El pueblo de Santa Fe se mantuvo bajo la misma dinámica desde su creación, repartiendo las ganancias entre los pobladores, con las reglas impuestas desde su fundación como las formas de gobierno (regentes), o las acciones que podrían ser vistas como faltas y que provocaban incluso que un habitante pudiera ser expulsado del pueblo definitivamente, las reglas de trabajo y convivencia, etc. Fue hasta el siglo XVIII que concluyó el funcionamiento del pueblo como en sus orígenes, sin embargo, se fomentó la actividad económica de esta zona gracias al comercio que trajo consigo con la construcción en ese mismo siglo del camino real a Toluca.

Hacia el siglo XIX, y más durante el último tercio de dicho siglo, gracias a su ubicación en el mapa Santa Fe fue de vital importancia durante el régimen de Porfirio Díaz debido a los recursos naturales que albergaba la zona, pues con ellos se realizaron gran cantidad de obras para la urbanización de la ciudad.

Las transformaciones más importantes en Santa Fe llegaron con el cambio de siglo, pues hacia mediados del siglo XX se dieron las grandes migraciones de los campos a las ciudades y las zonas donde se ubicaron los nuevos pobladores fueron las periferias de la Ciudad de México y Santa Fe no quedó exenta de tal acontecimiento, ya que gran cantidad de personas de bajos recursos se asentaron en este territorio que comenzó a convertirse en una región que alojaba a una gran cantidad de población marginada.

Hacia la década de los 60’s, Santa Fe comenzó a crecer de la misma forma frenética que lo hizo el resto de la ciudad y esto derivó  en que las barrancas de la zona fueran también invadidas. La actividad minera (materiales para construcción principalmente) que se desarrolló en los alrededores de la zona y en partes de ésta misma, provocaron gran daño en el suelo y ocasionó la erosión de éste. En el decenio siguiente las minas que dejaron de servir como tales se utilizaron como contenedores de residuos (basureros), sin embargo, desde la mitad de siglo ya existían depósitos de basura, lo cual implica que a la par del crecimiento de los depósitos creció la cantidad de personas que se dedicaron a pepenar en ellos de forma directamente proporcional. La consecuencia del aumento de este sector fue que se les aisló del resto de la población de la ciudad. Con la fundación de la Asociación de Colonos ZEDEC Santa Fe en 1994 se cerraron definitivamente los basureros y las colonias de pepenadores, de pobladores invasores y de escasos recursos reubicándose  y poniendo en marcha el plan de desarrollo urbano de Santa Fe, iniciado años antes con la creación de la Universidad Iberoamericana campus Santa Fe y que hasta hoy mantiene su constante crecimiento.

Proyecto Santa Fe

Como consecuencia de la expansión económica de México, gran cantidad de entidades corporativas internacionales encontraron en la CDMX el lugar ideal para sus espacios de oficina. Entre esas zonas y megaproyectos, Sta. Fe, fue uno de los que acapararon el interés de las compañías pues cumplía con todos los requisitos para satisfacer la oferta de espacios para grandes edificios que alojaran sus corporativos.

Santa Fe se ubica al poniente de la Ciudad de México. Los megaproyectos se acordaron como planes de índole público-privado, es decir, en donde tanto empresas inmobiliarias y de gobiernos aportarían capital económico para lograr sacar adelante los proyectos. Para adquirir las cerca de 950 hectáreas del terreno, tanto el gobierno como el sector privado “vendieron” la zona como una zona desperdiciada y con un futuro desolador si se mantenía con la línea que llevaba hasta entonces, barrancos, población marginal, cantidades inmensas de basura y más. La conclusión fue la buscada; eran el sitio ideal para los planes de desarrollo urbanístico de la Ciudad, por lo que se desplazó a los habitantes y se inició la construcción de lo que hasta hoy se mantiene en constante crecimiento. Con todo y los problemas que se han presentado, deslaves, hundimientos de piso debido a las minas y los malos olores consecuencia de los residuos que se dejaron en el lugar, Santa Fe aloja corporativos de renombre internacional como fabricantes de equipo de cómputo, del ramo automotriz, de telefonía, entidades bancarias y empresas mexicanas de gran importancia.

Sin embargo aún nos seguimos preguntando ¿Cómo es que empezó, se desarrolló y se modernizó el complejo?

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