Visiones de Canaán


Texto: El Asunto Urbano | Fotografías: Israel Meneses

La ciudad de México siempre ha tenido un marcado desarrollo económico a pesar de ser el epicentro de un país en permanente crisis. La plusvalía del suelo en esta ciudad es superior a cualquiera de las otras ciudades del país, salvo contadas excepciones. El eje urbano del Poder y la riqueza ha tenido – al igual que en todas las ciudades globales –  el registro de su historia y su evolución a través de la arquitectura, huella manifiesta y testimonio de la economía de los países.

En México todo ha obedecido siempre a una dinámica de centralidades desde el nacimiento de su ciudad capital hasta la exacerbada proliferación del concepto centro-periferia. Una ciudad asentada al centro de una laguna, rodeada de pueblos circunvecinos y poblaciones que rendían tributo a la ciudad central en la cual se depositaban no solo la riqueza, sino el poder político y religioso. Fue en aquel entonces el escenario perfecto para una conquista ideológica, pero por supuesto también económica.

Portrit

Hernán Cortés y las cortes españolas establecieron sus palacios en torno a la plaza central en donde edificaron una Catedral con la más severa violencia sobre las ruinas de templos y construcciones aztecas. Conservaron un canal de agua al cual llamaron Acequia Real y que conducía la “riqueza” alimenticia y tributaria del México colonial hasta las puertas de las casas de Cortés. A partir de ese momento la economía de la ciudad fue plasmándose a través de su arquitectura.

La calle de Madero por su posición geográfica y sus características urbanísticas fue la conexión directa con la Alameda y los límites la ciudad colonial. Sobre esta calle se edificó en el siglo XVIII el primer palacio de 4 plantas para los Condes de San Mateo del Valparaiso y el Marques del Jaral del Berrio, sobre un terreno que perteneció al contador mayor del tribunal de cuentas bancarias de la mal habida llamada Nueva España. Desde entonces se nota que quien manejaba la banca manejaba el poder y ostentaba el suelo de mayor plusvalía.

Portrait2

Algunos años después la construcción civil más alta de la ciudad sería ocupada por Agustín de Iturbide quien se autoproclamó Emperador, desde los balcones del mencionado palacio. Después aparecería el Palacio de los Azulejos para coronar dicho eje, hoy la casa predilecta perteneciente al hombre más rico del mundo. En Madero también se asentaron las casas joyeras y plateras de la ciudad, concentrando la riqueza en dicho eje.

Unas calles más adelante un par de siglos después Manuel Ortiz Monasterio edificó el primer rascacielos de la ciudad de México: el edificio La Nacional y algunos lustros más adelante aparecería la obra maestra de la ingeniería del siglo pasado de la mano de Augusto H. Alvarez: La torre Latinoamericana.

Luego vendrían los lujosos hoteles y entonces el eje de Madero se expandiría sobre la Avenida Juárez hasta llegar al Paseo de la Reforma, por donde subiría para relocalizar el Central Business District (CBD) de la ciudad sobre una avenida rampante y moderna; con la arquitectura más vanguardista del continente y verdaderos rascacielos.

Después el desarrollo siguió y se materializó a lo largo del Paseo de la Reforma. A su paso fue dejando los barrios más acomodados en los cuales las clases beneficiadas del auge económico fueron instalando sus viviendas: las casas porfirianas de la colonia Juárez, los modernos departamentos de la Cuauhtémoc, las californianas casas de Polanco y las ostentosas mansiones de Lomas de Chapultepec en respectivo orden de plusvalía.

Portrait3

Unas décadas después el desarrollo se detuvo. El país entró en verdadera crisis y los ricos se hicieron más ricos y los pobres les pasó lo que les pasa siempre: fueron borrados del mapa. Este declive trajo consigo también el escaso desarrollo y el deterioro del paisaje de la otrora avenida más importante del país. La rampante arquitectura moderna pronto se vio vieja y decadente. Y cuando la economía pareció recomponerse un poco el CBD y el desarrollo ya se habían desplazado varios kilómetros adelante, para ser exactos encima de la basura.

Santa Fe se convirtió en la representación de la ciudad global que se erige por encima de todas las voluntades. Santa Fe y Polanco desecaron Reforma dejándole solo la historia, pero no la riqueza. Los magos del desarrollo inmobiliario y urbano convirtieron un basurero lejano e inaccesible en la nueva zona de mayor plusvalía de la ciudad. Con esto surgieron nuevos suburbios y otros más se consolidaron marcando mas que nunca la brecha entre la ciudad de la riqueza y la ciudad de los otros. Interlomas, Huixquilucan y varios Bosques entre los bosques.

Así como el desarrollo urbano y económico y el movimiento del CBD dejó a Reforma como una vieja postal de los setentas, Reforma a su vez dejó como una vieja postal de los cincuentas a la avenida Juárez y la avenida Juárez a su vez dejó a Madero como una vieja litografía del siglo XVII. Ahora en una vuelta de tuerca, Reforma está dejando a Santa Fe como una postal de los noventas, y el corredor de Madero y Juárez están dejando a los malls  como una vieja postal de los ochentas.

Reforma se transforma y esto se hace evidente. A partir de 2005 con la inauguración de Torre Mayor, aquel rascacielos que cambió el paisaje de la ciudad, se han edificado sobre esta avenida más de 15 rascacielos destinados a diversos usos como oficinas, departamentos de lujo, suites que nadie puede pagar – cuyos precios de salida y de renta son en dólares -, corporativos y centros comerciales, además de un par de monumentos poco representativos para la población y que han quedado casi invisibles ante el despliegue magnánimo de la arquitectura del Poder.

Torre Bancomer, Torre Reforma, Torre Punta Reforma, Reforma 222, Capital Reforma, Performa, St Regis, Torre Diana, Torre Reforma Latino, son solo algunas de las construcciones que hacen evidente la riqueza y el despilfarro que la economía de la construcción detona en una ciudad que no solamente es distintiva por su historia, sino también por la voluntad de hacer lo imposible, de construir encima de todo, y claro también de ser el escenario de la explotación y la desigualdad económica desde tiempos ancestrales.

La arquitectura es testimonio no solo de la historia, sino de la sociedad que la produce y del sistema político y económico que la impulsa. Para muestra basta este paisaje.

 

Recommended Posts